*Durante el sexenio que está por concluir, la narrativa populista de Andrés Manuel López Obrador ha hecho un uso recurrente de la división entre «buenos y malos», «opresores y oprimidos», como una herramienta política. Esta estrategia, que ha servido para desviar la atención de los problemas reales de su gobierno, ha profundizado las fracturas sociales, fomentando el resentimiento y el encono.

Por Rene Cano – Actualidad Digital.Mx

Toda una cortina de humo, para no invitar al Rey de España Felipe VI.

Sin dejar de mencionar, que invitan a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum a dictadores de la talla de Nicolás Maduro, Diaz – Canel y toda la horda de populistas de América Latina e incluso tuvieron hasta la desvergüenza de invitar a Vladimir Putin y poco falto para que también invitaran al dictador de Corea del Norte.

Ante el evidente fracaso de su administración, López Obrador ha recurrido desde el inicio de su sexenio a la creación de enemigos externos. De manera notable, ha dirigido su retórica no hacia Estados Unidos, su vecino inmediato, sino hacia España, un país al otro lado del Atlántico, con el peculiar propósito de pedir disculpas por la Conquista.

Esta solicitud, absurda en su forma y propósito, resulta aún más paradójica viniendo de alguien que, como el propio presidente, desciende de españoles. Más recordemos que el señor, miente y engaña, igual que como respira.

“La Conquista fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que hoy es México”, un hecho que la narrativa oficialista elige ignorar por razones políticas y como parte de su narrativa populista.

La incoherencia de su discurso histórico

Llama la atención que López Obrador, en su afán por distraer a la opinión pública, insista en el perdón de España por hechos ocurridos hace más de 500 años. Este argumento pierde toda validez si consideramos que en esa época ni España era la nación moderna que es hoy, ni México existía como país. Más irónico aún es que quien hace tal demanda es alguien cuyo nombre y linaje no tienen nada que ver con los pueblos originarios de Mesoamérica.

El verdadero motor de su gobierno ha sido la propaganda: un entramado de desinformación, medias verdades y manipulación del pueblo. López Obrador ha sabido explotar la falta de acceso a la información, especialmente en las zonas rurales, para construir un culto a la personalidad donde el fanatismo reemplaza al razonamiento. En este contexto, cualquier afirmación del presidente, por más disparatada que sea, es aceptada ciegamente por sus seguidores.

El revisionismo histórico como estrategia política

El discurso populista de López Obrador y su pronta sucesora, Claudia Sheinbaum, culpa a los españoles de todos los males históricos de México. Sin embargo, este argumento simplista ignora que muchos de los actores principales de la Conquista ya eran mestizos, descendientes directos de indígenas y españoles.

El rey Felipe VI, actual monarca constitucional de España representa un Estado moderno, respetuoso de los derechos humanos y de la democracia. Acusarlo de ser responsable de la violencia histórica derivada de la Conquista es, en el mejor de los casos, una falacia. Como bien señaló el exsecretario de Educación, Jaime Torres Bodet, “la Conquista fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que hoy es México”, un hecho que la narrativa oficialista elige ignorar por razones políticas y como parte de su narrativa populista.

El doble estándar en relaciones internacionales

Es notable la falta de congruencia en el enfoque de López Obrador hacia otros países. Si realmente estuviera interesado en corregir agravios históricos, ¿por qué no le exige a Estados Unidos que pida perdón por la anexión de territorios que abarcan desde Texas hasta California? ¿O a Francia, por la intervención militar en México durante el siglo XIX? Su insistencia en revivir conflictos históricos parece más una estrategia populista para distraer a la ciudadanía que un intento genuino de reconciliación.

En el mundo contemporáneo, donde las fronteras se han diluido y las naciones están interconectadas, el aislacionismo populista solo lleva al estancamiento. Si Sheinbaum, en caso de llegar a la presidencia, continúa con esta retórica, México corre el riesgo de convertirse en un país aislado, tanto en términos comerciales como culturales, replicando el aislamiento que han experimentado regímenes populistas en Venezuela o Nicaragua.

El futuro de las relaciones México-España

La relación entre México y España trasciende cualquier coyuntura política. Si bien la historia compartida tiene sus altibajos, es innegable que los lazos culturales, económicos y familiares entre ambas naciones son profundos. Romper o enfriar estas relaciones sería un grave error diplomático, y más aún cuando las tensiones son generadas por un discurso populista carente de sustancia histórica.

Claudia Sheinbaum enfrenta un reto crucial: puede marcar una diferencia real como la primera mujer presidenta de México, alejándose de las fobias y del discurso lleno de resentimiento de su mentor, o puede convertirse en una marioneta del populismo que tanto ha caracterizado al actual gobierno.

Conclusión: La Historia lo juzgará

El legado de López Obrador y su gobierno populista será juzgado por la historia. Su retórica de odio y división, su manipulación del pasado y su estrategia de enemigos imaginarios lo llevarán, inevitablemente, al olvido. Al final, será recordado como un sembrador de tempestades cuya política exterior de corto plazo y sus diatribas populistas no lograron resistir el paso del tiempo.

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