“Un pánico intenso por no trabajar, por no luchar por un futuro mejor y con dignidad. Todo ello con tal de mantener, la casita, la camioneta (siendo que nada es de ella) y el andar como una mariposa con el celular (a lo mejor sin saldo) en la mano en el Mall, más cercano.”
Por Rene Cano – Actualidad Digital.Mx
En la vida es muy importante, vital diría yo, saber dónde estás, hacia dónde vas y, más aún, con quién estás y si esta persona te hace feliz o es solo material promocional para guardar las apariencias ante la sociedad.
Es decir, vivir de apariencias, incluso hasta como hoy día, usar Facebook para aparentar “una relación amorosa falsa”, subiendo fotos a diestra y siniestra: “aquí con mi amorcito”, “mi osito, te amo”, sin tomar en cuenta que las poses son forzadas y las sonrisas más falsas que las cuevas de Matusalem.
A veces se ven mujeres que suben fotos «con su amorcito» y luego comentan: «cumplimos tantos años juntos».
¡Qué hipocresía, y qué falta de vergüenza…! Por Dios, que, si Facebook hablara, ¡cuánto nos diría…!
Y saber que todo este actuar estúpido se da por el temor al qué dirán la familia y los amigos. Es decir, por no enfrentar su realidad, una realidad que conocen en dos aristas: o el hombre que tienen al lado no las quiere, o son ellas las que no quieren, y mucho menos aman, al hombre que tienen al lado y debajo de las cobijas.

Lo cierto es que cuando la premisa es falsa, también lo son las alternativas. Y así, qué difícil es para una mujer olvidarse de una vida verdadera de mentiras y recordar una mentirosa vida de verdades, todo por el qué dirán. Falta total y completa de criterio y de amor propio.
Un pánico intenso en estas mujeres por no trabajar, por no luchar y con ello, el deseo de seguir presentándose convenientemente, ante los demás, como una “mujer mártir”, haciendo de su situación “tema de café o de Corona en mano”, mientras en el fondo, con toda su alma, desean no aplicar ninguna solución a su situación «de gata», todo con tal de mantener su zona de confort: “la casita, la camioneta y el andar como mariposa con el celular en la mano en el Mall, más cercano”, aunque sea de adorno.
“Un pánico intenso por no trabajar, por no luchar por un futuro mejor y con dignidad. Todo ello con tal de mantener, la casita, la camioneta (siendo que nada es de ella) y el andar como una mariposa con el celular (a lo mejor sin saldo) en la mano en el Mall, más cercano.”
Y junto a ello, “en su hogar”, “donde vive junto a su amorcito, el santo que nunca deja de dormir un solo día en la casa”, ni siquiera al Facebook pueden ingresar “si está el esposito, el osito, él bebe” en la casa y mucho menos pueden contestar llamadas de sus amigos o hacerlas.
Deben conectarse en horas de la madrugada, mientras él susodicho ronca como un cerdo, perdón, “el amorcito duerme” y fisgonear lo que sus amigos del Facebook han subido, sin hacer comentario alguno, ya que su “papito bello se los lee y le dan por la madre”.
Esto sin dejar de mencionar que ni siquiera pueden facilitar su propio número de teléfono, ya que “el macho de la casa” se los tiene prohibido.
Y debemos recordar que, para estas prójimas, un simple hombre al lado de ellas es Dios. Es decir, estas mujeres viven en una jaula de oro, viviendo en una casa que no es de ellas, abordando para que las exhiban mientras sacan su cabeza por la ventana, en una camioneta los fines de semana, vehículo que tampoco es de ellas y, encima de esto, sin derecho a opinar ni a tomar decisiones propias.
Como una mascota y nada más.
Del derecho a estudiar y a ser profesionales, ni hablemos; su función es únicamente la del gorro y delantal. Es decir, su función es la de empleada de la casa: tener “la casa linda” y “hacer los tacos y enchiladas” de “los amigos” cada vez que les visitan, para cuanta peda se le ocurra “a su amorcito”, “al amo y señor de la casa”.
Lo cierto es que cuando la premisa es falsa, también lo son las alternativas. Y así, qué difícil es para una mujer olvidarse de una vida verdadera de mentiras y recordar una mentirosa vida de verdades, todo por el qué dirán. Falta total y completa de criterio y de amor propio.
Y la pobre, que no sabe siquiera que significa la palabra dignidad, no se entera de que a lo mejor también se las está haciendo “a la querida del esposito”, al mismo “que es muy bueno conmigo y jamás deja de dormir en la casa”. Y ya en la noche, y de vez en cuando y como última opción, servir de plato de segunda mesa, una vez “que el esposito, el santo varón, el pan de Dios” llega procedente de donde la otra mujer y evidentemente, no de rezar el rosario.
¿Para qué se casó o se unió con ese hombre? ¿Por qué mejor no se quedó en la casa de sus padres? En todo caso, se fue de la casa de sus progenitores porque estos le pedían que ayudara con los menesteres de la casa y, al final de cuentas, terminó haciendo lo mismo en la casa de alguien que no es nada de ella.
Simple hombre y nada más. Y mientras esto pasa, con los meses y los años, su dignidad y su futuro personal son cambiados por un plato de comida, una cama que comparte “con la otra” y un hogar que no existe, nada más que para aparentar lo que no es y lo que ella sabe en el fondo que, por más que le pida a la Virgen de Guadalupe, jamás cambiará.
Y encima de toda esta actuación descarada, tienen el tupé de jugar con Dios e ir a misa o al culto los domingos y sentarse en primera fila; para que todos los presentes los vean “como la familia perfecta”, dándose golpes en el pecho del “Yo Pecador” y con cara de procesión de Viernes Santo a mediodía. Hipocresía pura y falta de dignidad.
Jugar con Dios para aparentar.
Todo por falta de hormonas, por el miedo a subirse las mangas y trabajar para mantenerse ellas y a sus hijos. Y de la excusa pueril de «es por los chavitos que estoy con él”, mejor ni hablemos, ya que ese cuento, ni los recién nacidos se lo creen y menos en pleno 2024.
EN CONCLUSIÓN:
Se les olvida a estas prójimas que la dignidad de una mujer es lo más valioso que tienen, que eso no se vende, no se empeña, no se cede y se trueca. Se les olvida su propio valor como mujeres. Se les olvida que ninguna mujer necesita de un hombre para salir adelante y sobresalir en la vida. Y mucho menos, necesita una mujer de un hombre para ser feliz.
A no ser que sea masoquista, que le guste ser plato de segunda mesa, que le guste que la desprecien y humillen, que le guste que le den paseos los fines de semana, como una mascota. Que le guste que le pisoteen sus derechos y le coarten su libertad de acción y pensamiento, que le guste ser un títere de un patán. Es decir, que le guste ser una descarada, una sometida que, en toda su vida, jamás entendió que la dignidad de una mujer no tiene precio.

Qué pena, ya veremos cómo le va cuando de su súper trasero, que tanto exhibía en Facebook, solo quede el recuerdo en sus fotos. Y de cuando en cuando vea a su ex, de la mano de otra, más joven que ella, misma que también pasará por el infierno donde ella estuvo antes, mientras vivía “con su amorcito”. Una vez que su “súper macho”, “el santo varón que nunca dejaba de dormir con ella en las noches”, al notarle las arrugas y las canas, le bote de la casa, cual trapo viejo.
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La dignidad de una mujer es innegociable y, aunque muchas se sientan atrapadas en situaciones que les restan su valor, es importante recordar que siempre hay opciones. Si te encuentras lidiando con una situación similar y necesitas apoyo u orientación, no dudes en contactarnos a través de nuestro correo electrónico: actualidaddigitalmx@gmail.com
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