En cualquier democracia, la oposición tiene un rol crucial: ser la voz crítica que fiscaliza, propone y actúa como contrapeso al gobierno. Pero en Costa Rica, los partidos opositores al actual gobierno como el Partido Liberación Nacional, el Frente Amplio, el PLP y el Partido Unidad Social Cristiana, entre otros; han tomado una ruta diferente. En lugar de ofrecer una oposición constructiva, se han dedicado a un ataque sistemático y mezquino cuyo único objetivo parece ser bloquear cualquier intento de avance del gobierno de Rodrigo Chaves.

Este ataque frontal no es casualidad, ni mucho menos justificado

Es una estrategia bien orquestada, una campaña de desgaste dirigida no solo a minar la credibilidad del gobierno, sino a impedir el desarrollo del país. Las políticas que buscan mejorar la economía, atraer inversión extranjera, o impulsar reformas fiscales son bloqueadas sin razón aparente, salvo la de evitar que el gobierno tenga éxito.

En cualquier democracia sana, la oposición cumple un rol crucial: el de fiscalizar, proponer alternativas y actuar como un contrapeso necesario al gobierno de turno. Sin embargo, en Costa Rica, pareciera que ciertos partidos de oposición han olvidado estos principios. Para el Partido Liberación Nacional, el Frente Amplio, el PLP y el Partido Unidad Social Cristiana, la verdadera misión parece ser otra: desgastar, bloquear y destruir, cueste lo que cueste.

La oposición en Costa Rica no critica ideas; lo que realmente incomoda es que, bajo la administración de Chaves, Costa Rica pueda avanzar.

El ataque permanente a la diputada Pilar Cisneros: hipocresía en su máxima expresión

Si alguien ha sido blanco de esta campaña de descrédito, esa es Pilar Cisneros. En la Asamblea Legislativa, la otrora periodista y actual diputada oficialista ha recibido un ataque despiadado por parte de sus opositores, que lejos de centrarse en los temas de fondo, han optado por insultarla y denigrarla. Dinorah Barquero y Katherine Moreira Brown, diputadas del Partido Liberación Nacional no han dudado en llamarla – entre muchos otros calificativos innombrables – «la jefa del cartel de los narcos» o «la jefa del cartel de Chaves», en una muestra de la bajeza a la que han caído ciertos sectores políticos.

Lo más irónico es que los principales perpetradores de estos ataques son mujeres que, en cualquier otro contexto, claman por el respeto y la igualdad de género. Sin embargo, cuando se trata de Pilar Cisneros, una mujer adulta mayor, estos principios parecen desaparecer.

Es una hipocresía descarada que deja al descubierto un cinismo profundo: el respeto y la lucha por los derechos de las mujeres solo aplican cuando es conveniente políticamente. Cuando la víctima es Pilar Cisneros, el acoso y los insultos son tolerados y promovidos sin pudor alguno.

La hipocresía de estas diputadas y otros miembros de la oposición es clara

Mientras denuncian «violencia de género» cuando les conviene, no dudan en usar las mismas armas que critican contra Cisneros y otras mujeres que conforman el gabinete del gobierno. Lo que se ve en la Asamblea no es solo un ataque a una persona; es una señal de hasta dónde puede llegar la degradación de la política en Costa Rica.

El respeto por la dignidad humana ha sido reemplazado por un juego sucio y personalista, donde el objetivo no es el progreso del país, sino la destrucción del adversario.

Aquí ya no se trata de oponerse a las ideas o proyectos que Pilar Cisneros defiende en nombre del gobierno, sino de un ataque personalista, bajo y cobarde, que no tiene cabida en ninguna democracia que se respete a sí misma. Es el colmo del cinismo que, mientras defienden los derechos de las mujeres cuando les conviene, despojan a Pilar Cisneros de su dignidad y humanidad solo por ser una voz oficialista en la Asamblea.

¿Acaso la violencia de género no cuenta cuando es contra Pilar Cisneros o contra alguna de las ministras del actual gobierno?

Esto no es simplemente una crítica al gobierno; es una estrategia de destrucción personal, diseñada para minar la autoridad y el respeto de quienes representan una amenaza para los intereses de estos partidos. Y lo peor es que lo hacen bajo la máscara de la democracia, cuando en realidad no es más que un juego sucio y degradante.

Es una hipocresía descarada que deja al descubierto un cinismo profundo: el respeto y la lucha por los derechos de las mujeres solo aplican cuando es conveniente políticamente. Cuando la víctima es Pilar Cisneros, el acoso y los insultos son tolerados y promovidos sin pudor alguno.

Es un nivel de ataque que no solo carece de decoro y respeto humano, sino que deja claro que, en la Asamblea Legislativa de Costa Rica, para algunos, no hay límites cuando se trata de atacar a quienes no comparten su visión política.

El circo permanente en la Asamblea: una degradación sin límites

La Asamblea Legislativa, que debería ser un espacio de debate democrático, se ha convertido en un circo donde los diputados de la oposición no solo impiden que los ministros y funcionarios concluyan sus intervenciones, sino que los insultan, amenazan con acusaciones penales y se burlan abiertamente de las respuestas que reciben. Se ufanan de «ser diputados de la república», mientras destruyen la dignidad de las personas que comparecen ante ellos.

Las comisiones creadas, en teoría, para fiscalizar y mejorar la transparencia, se han transformado en espectáculos vacíos, donde el respeto brilla por su ausencia. No se busca la verdad ni la justicia; se busca el escarnio público, la humillación de quienes osan representar al gobierno actual.

Y todo esto, mientras se jactan de ser los defensores de la democracia. Pero ¿de qué democracia hablamos cuando se impide hablar a quienes han sido citados? ¿Qué clase de democracia es aquella donde se insulta y se amenaza en lugar de discutir con argumentos?

Este nivel de perversión política es inaceptable y censurable desde cualquier punto de vista.

La oposición no está fiscalizando al gobierno, está boicoteando cualquier posibilidad de que Costa Rica avance. Y lo hacen de la manera más mezquina posible, no con ideas, sino con insultos, burlas y amenazas. En este circo político, los diputados opositores han perdido cualquier vestigio de decoro y dignidad.

El panorama que se vive en la Asamblea Legislativa de Costa Rica es desolador. Los ataques personales, la falta de respeto a la dignidad humana, y la hipocresía de una oposición más interesada en destruir que en construir, han llevado al país a un punto crítico. Mientras el gobierno intenta avanzar con sus propuestas, la oposición se empeña en hacer retroceder a la nación, usando tácticas que nada tienen que ver con la democracia y mucho con la politiquería barata.

El pueblo costarricense merece algo mejor

Merece una oposición que proponga, que fiscalice con integridad, que respete la dignidad de las personas y que contribuya al desarrollo del país. Lo que hoy vemos en la Asamblea Legislativa no es oposición, es un circo que desprestigia la política costarricense y pone en riesgo el futuro de la nación.

En cualquier democracia sana, la oposición cumple un rol crucial: el de fiscalizar, proponer alternativas y actuar como un contrapeso necesario al gobierno de turno. Sin embargo, en Costa Rica, pareciera que ciertos partidos de oposición han olvidado estos principios. Para el Partido Liberación Nacional, el Frente Amplio, el PLP y el Partido Unidad Social Cristiana, la verdadera misión parece ser otra: desgastar, bloquear y destruir, cueste lo que cueste.

Y no, no lo hacen con propuestas claras, con un plan alternativo que beneficie a todos los costarricenses. Lo hacen con ataques constantes y repetitivos que buscan únicamente detener el desarrollo del país. Cualquier proyecto que venga del gobierno actual, por más beneficioso que sea para la población, se encuentra con el mismo obstáculo: una oposición empeñada en decir «no» por el simple hecho de que no son ellos quienes lo proponen.

Como muestra de esto, basta mirar las iniciativas que, de forma inexplicable, han sido saboteadas. Reformas económicas que buscan reducir el déficit, mejorar la inversión extranjera o reactivar el empleo, son sistemáticamente bloqueadas. ¿Por qué? Porque para estos partidos parece más importante que el gobierno de Rodrigo Chaves fracase, que admitir que podría tener buenas ideas para el país.

Así de simple. Así de mezquino

Lo más preocupante es que, mientras la oposición juega este juego destructivo, quienes realmente pierden son los costarricenses. El progreso, que debería ser un objetivo común, se convierte en el enemigo a vencer. Y en este teatro político, quienes sufren las consecuencias son los ciudadanos que ven cómo los proyectos que podrían mejorar sus vidas quedan varados en el laberinto de la Asamblea Legislativa.

El panorama que se vive en la Asamblea Legislativa de Costa Rica es desolador. Los ataques personales, la falta de respeto a la dignidad humana, y la hipocresía de una oposición más interesada en destruir que en construir, han llevado al país a un punto crítico.

A estas alturas, salta la pregunta: ¿realmente les importa Costa Rica, o solo su propio poder?

Porque si de verdad les importara, ¿no estarían, al menos, dispuestos a negociar, a encontrar un punto medio que beneficie al país?

En lugar de eso, hemos visto cómo los ataques han pasado de ser políticos a personales, convirtiendo la política costarricense en una especie de reality show donde lo único que importa es ver quién lanza el golpe más bajo.

Lo que estamos presenciando no es un simple desacuerdo político. Es la destrucción del debate civilizado en favor de un juego perverso, en el que los valores democráticos son pisoteados por quienes deberían ser sus defensores más fervientes. Los oficialistas no son atacados por sus ideas o propuestas, sino por el simple hecho de ser oficialistas.

Así de bajo ha caído la Asamblea Legislativa de Costa Rica y que pena por el pueblo costarricense, que merece mucho más.

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