El asesinato del sacerdote Marcelo Pérez Pérez, de origen tzotzil, ha conmocionado a la comunidad de San Cristóbal de las Casas y reabierto un debate urgente sobre la violencia y la inseguridad que afecta a la región de Chiapas, México. Este acto violento, perpetrado a plena luz del día por sicarios en motocicleta, ocurre en un contexto de creciente tensión social y criminalidad, donde la lucha por la paz y la justicia parece ser una batalla constante, especialmente en comunidades indígenas vulnerables.

Redacción Actualidad Digital.Mx

Un defensor de la paz y de los pueblos indígenas

Marcelo Pérez Pérez no era simplemente un párroco; era un líder comprometido con la defensa de los pueblos originarios y la lucha por la paz en su región. Nacido en la comunidad de Chichelalhó, en el municipio de San Andrés Larráinzar, dedicó su vida a acompañar a las comunidades indígenas y a defender sus derechos en un entorno marcado por la violencia y el crimen organizado. Su labor lo llevó a liderar peregrinaciones contra la drogadicción y el alcoholismo en Simojovel, y más recientemente, a pronunciarse enérgicamente contra la creciente inseguridad en Chiapas.

Durante la marcha por la paz celebrada en septiembre de este año, Pérez Pérez denunció públicamente la falta de acción del gobierno ante la escalada de violencia, afirmando que la situación era insostenible: «Ya no se aguanta». Sus palabras resonaban con la desesperación de alguien que sabía que su vida estaba en peligro, y, sin embargo, decidió mantenerse firme en su misión.

«Bienaventurados los que procuran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:9).

La contradicción de la protección estatal

A pesar de contar con medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Pérez Pérez enfrentaba también una orden de aprehensión emitida por la Fiscalía General de Chiapas, relacionada con la desaparición de 21 hombres en Pantelhó en 2021. Este hecho ilustra la profunda contradicción en la que vivía el sacerdote: protegido por su activismo y, a la vez, perseguido por las autoridades locales.

Esta situación revela la complejidad de la violencia en la región, donde actores políticos, grupos armados y organizaciones criminales están entrelazados, y donde la búsqueda de justicia se torna un desafío monumental.

El llamado a la justicia y la paz

El asesinato del padre Marcelo no solo ha desatado una ola de indignación entre la comunidad local y las autoridades religiosas, sino que ha generado llamados internacionales de justicia. La ONU-DH condenó enérgicamente el crimen, calificándolo de «absolutamente inaceptable» y exigiendo una investigación exhaustiva.

Las palabras del obispo de San Cristóbal de las Casas, Rodrigo Aguilar Martínez, resuenan con una mezcla de dolor y esperanza: «La verdadera paz tiene que ir en unidad con la verdad y la justicia». Su mensaje es claro: solo mediante una investigación transparente y un compromiso genuino con la justicia se podrá hacer frente a la impunidad que afecta a la región.

Cientos de personas acompañaron el féretro del sacerdote en una emotiva procesión, clamando por justicia mientras su cuerpo era llevado de vuelta a su tierra natal en San Andrés Larráinzar. La lucha del padre Marcelo, aunque truncada por la violencia, deja un legado imborrable en la defensa de los derechos humanos y la paz.

En momentos de dolor y tragedia como este, las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña ofrecen un consuelo espiritual profundo: «Bienaventurados los que procuran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:9). El padre Marcelo Pérez Pérez, en su labor incansable por la paz y la justicia, encarnaba este llamado bíblico.

Su vida y muerte se inscriben en una lucha sagrada por el bienestar de los más vulnerables, una lucha que no será olvidada. Que su sacrificio inspire a otros a seguir su ejemplo, buscando siempre la verdad, la justicia y la paz.

Este trágico evento nos recuerda que la lucha por la justicia no está exenta de riesgos, y que aquellos que se esfuerzan por hacer el bien en un mundo lleno de maldad, como el padre Marcelo, son verdaderamente «luz en medio de las tinieblas» (Mateo 5:14).

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