Claudia Sheinbaum, quien se perfila como una de las figuras de mayor influencia política en el país, ha adoptado un estilo de gobierno que desafía los principios democráticos fundamentales de México. Su liderazgo se ha caracterizado por una alarmante concentración de poder, un ataque sistemático a las instituciones y una peligrosa erosión del equilibrio de poderes. Este autoritarismo enmascarado en un discurso de progreso está despojando a México de sus garantías democráticas, dejando en su lugar una estructura política centralizada y controlada que amenaza los valores y derechos de la ciudadanía.

Un autoritarismo en ascenso

Sheinbaum ha mostrado una clara inclinación a gobernar con un enfoque autoritario, imponiendo políticas sin escuchar las voces disidentes y utilizando su influencia para debilitar la oposición. Esta concentración de poder no solo atenta contra el principio de separación de poderes, sino que también empuja a México hacia un modelo de gobierno en el que la crítica y el disenso son acallados y en el que la democracia pierde terreno frente a un poder político cada vez más centralizado.

El desmantelamiento de las instituciones

Uno de los aspectos más preocupantes de la administración de Sheinbaum es su embate contra las instituciones que históricamente han actuado como contrapesos en el sistema de gobierno. Desde la descalificación de organismos autónomos hasta los ataques directos contra el Poder Judicial, Sheinbaum ha mostrado un desprecio alarmante por el equilibrio institucional. Estos ataques a las instituciones son un golpe directo a la democracia mexicana y, al mismo tiempo, una advertencia sobre su modelo de gobierno: uno en el que la lealtad política se valora más que la independencia de las instituciones.

El Poder Judicial, en particular, ha sido un blanco constante de su gobierno. En lugar de respetar la independencia judicial y permitir que los tribunales operen sin interferencias, Sheinbaum ha emprendido una campaña de descrédito y presión en su contra, erosionando así uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia funcional. Su postura autoritaria no solo amenaza la autonomía del Poder Judicial, sino también el acceso a una justicia imparcial para todos los ciudadanos.

La relación con Estados Unidos en un punto crítico

A nivel internacional, la relación de México con Estados Unidos atraviesa un momento delicado, en gran parte debido a la postura de Sheinbaum tras la reciente captura de Ismael “El Mayo” Guzmán.

En lugar de aplaudir esta victoria contra el narcotráfico, el gobierno mexicano se ha enfocado en recriminar a Estados Unidos, mostrando una actitud desconcertante ante su principal socio comercial y aliado en la lucha contra el crimen organizado.

Incluso el embajador estadounidense, Ken Salazar, ha expresado sorpresa ante la reacción del gobierno mexicano. La captura de un líder de alto perfil en el narcotráfico debería ser motivo de colaboración y apoyo entre ambas naciones, pero la respuesta de Sheinbaum ha sido todo lo contrario: una muestra de tensión y reproche hacia Estados Unidos. Esta actitud no solo afecta la cooperación bilateral en temas de seguridad, sino que también refleja un alejamiento de la diplomacia efectiva y del trabajo conjunto contra un enemigo común.

México en una encrucijada

La combinación de políticas autoritarias, ataques a las instituciones y deterioro de las relaciones internacionales pone a México en una situación crítica. Sheinbaum está tomando decisiones que afectan profundamente la estructura democrática del país y que debilitan los cimientos sobre los que se construyen las relaciones diplomáticas y la estabilidad institucional. Este tipo de liderazgo autoritario e impositivo no solo desestabiliza a México internamente, sino que también lo aísla en el ámbito internacional.

Para la ciudadanía mexicana, la postura de Sheinbaum representa un peligro real y presente: la posibilidad de que el país se hunda en un modelo de gobierno en el que el poder está concentrado en unas pocas manos y en el que las instituciones son meros instrumentos del poder político. Esta situación es insostenible y requiere una respuesta urgente de todos aquellos que creen en la democracia y en los derechos de los ciudadanos.

¿Cuál es el camino a seguir?

En este contexto, México enfrenta una encrucijada. Si bien Sheinbaum parece inquebrantable en su misión de consolidar su control sobre el gobierno, aún queda esperanza en la resistencia de las instituciones y de una ciudadanía consciente y activa.

Los ciudadanos, los medios de comunicación y los líderes sociales tienen la responsabilidad de exigir transparencia, respeto a la democracia y un liderazgo comprometido con los valores constitucionales.

La democracia mexicana no puede permitirse ser desmantelada por la ambición política de una sola persona. Ahora más que nunca, es fundamental que México recupere el respeto por sus instituciones y que restablezca una relación diplomática sólida y constructiva con su principal aliado. Solo así se podrá evitar que el país caiga en un modelo autoritario que amenace su estabilidad y progreso.

Deja un comentario