Cuando la tragedia golpea, es un momento para unir fuerzas, dejando de lado diferencias políticas y personales. Sin embargo, la reciente respuesta de algunos líderes de la Asamblea Legislativa costarricense hacia la ayuda humanitaria ofrecida por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, revela una mezquindad difícil de ignorar.

¿Dónde queda la compasión y la responsabilidad hacia el prójimo cuando el sufrimiento humano se utiliza para agendas políticas?

Las Escrituras recuerdan en Proverbios 28:16: «El gobernante falto de entendimiento multiplica la opresión». Esa falta de entendimiento es evidente en quienes, en lugar de abrazar la ayuda recibida, se empecinan en criticarla y en ser más papista que el Papa, en cuanto a la manera en que la misma se ha recibido.

Un acto de misericordia, No de Poder

El acto de Bukele al enviar rescatistas, víveres y suministros no debe interpretarse como una maniobra política, sino como una manifestación de solidaridad hacia un país hermano.

En este sentido, cuestionar la ayuda por diferencias ideológicas es una muestra de ceguera moral. La Biblia enseña en 1 Juan 3:17: «Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano en necesidad, y cierra su corazón contra él, ¿cómo mora el amor de Dios en él?»

¿Qué amor puede quedar en aquellos que, pudiendo extender una mano, deciden cerrarla porque la ayuda proviene de alguien con quien no comparten ideas?

La hipocresía de los líderes políticos y la reacción ciudadana

Resulta lapidario observar cómo ciertos líderes de Liberación Nacional y Frente Amplio prefieren anteponer sus prejuicios y agenda política a las necesidades de los damnificados. Este comportamiento no solo insulta a quienes sufren, sino que refleja una actitud de superioridad que la ciudadanía ha condenado. «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16) nos recuerda que las acciones de los líderes hablan por sí mismas. Al rehusar recibir con gratitud esta ayuda, estos políticos muestran la calidad de sus intenciones: no es el bien común lo que buscan, sino la perpetuación de sus intereses.

Este desdén de los diputados del partido Liberación Nacional y del Frente Amplio, hacia la ayuda humanitaria que ha brindado Nayib Bukele, no será olvidado, y cuando las urnas vuelvan a abrirse en 2026, los ciudadanos recordarán quiénes trabajaron por el país y quiénes, atrapados en su propio orgullo y su cálculo politico, lo abandonaron. Y será el momento de ajustar cuentas de manera ciudadana en las urnas.

¿Qué diría el Buen Samaritano?

La parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37) es una lección que parece perdida en los pasillos de la Asamblea Legislativa. El Samaritano no miró si aquel hombre herido compartía su ideología; solo vio su sufrimiento. Del mismo modo, ante la catástrofe, la única respuesta correcta es la ayuda y el apoyo mutuo, sin condiciones. Estos políticos han fallado en emular ese ejemplo, pues prefieren cerrarse ante la ayuda de Bukele, ignorando que el auxilio es un acto de humanidad, no de conveniencia.

Un recordatorio a los líderes políticos: “Todo lo oculto saldrá a la luz”

La actitud de estos políticos no pasará desapercibida. Hoy cuestionan que si la ayuda humanitaria se acepto e hizo bajo la legalidad de las normativas vigentes. Esta es la excusa. Ya que si fuesen los Estados Unidos, los que en estos momentos ocuparan el lugar de los salvadoreños, mantendrian su boca callada. Es claro entonces, que por más que quieran retorcer la realidad de sus motivaciones, resalta y sin mucho esfuerzo, que es por motivos ideológicos. Los costarricenses han dejado claro que tomarán nota de quiénes, en un momento de necesidad, priorizaron sus egos y resentimientos sobre la solidaridad.

Jesús mismo dijo en Lucas 8:17: «No hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de saberse y de salir a la luz».

Este desdén y ese «buscar pelos en la sopa», sobre la manera en que fue aceptada dicha ayuda – dejando de la lado la burocracia que casi siempre en lugar de ayudar, entorpece – hacia la ayuda humanitaria brindada por Nayib Bukele no será olvidado, y cuando las urnas vuelvan a abrirse en 2026, los ciudadanos recordarán quiénes trabajaron por el país y quiénes, atrapados en su propio orgullo y sus cálculos politicos, lo abandonaron.

El verdadero rol de un líder político

Un político, en momentos de crisis, debe ser la figura que inspire, que unifique, que se ponga por encima de sus intereses para servir a su pueblo. Sir Winston Churchill, en uno de los momentos más oscuros de su país, recordó a los británicos que «la verdadera grandeza no se mide en la comodidad, sino en la dificultad». Hoy, Costa Rica necesita esa misma grandeza, y quienes buscan dividir y sembrar discordia fallan en su rol fundamental. Como dijo el Papa Francisco, “el verdadero poder es el servicio”. Estos líderes harían bien en recordar que el servicio a su pueblo, sin barreras de ideología, es su más alto deber.

La justicia verdadera, como nos recuerda Miqueas 6:8, consiste en «hacer justicia, amar misericordia, y caminar humildemente con Dios». Quienes decidan anteponer la ideología a la ayuda, deben recordar que esta justicia es paciente, pero no eterna en su silencio. En momentos de necesidad, el pueblo necesita líderes que muestren misericordia y compasión, no que los priven de ayuda por motivos triviales.

La miopía y mezquindad de algunos líderes costarricenses ante la ayuda humanitaria brindada por Bukele, reflejan el peor rostro de la política de dicho país.

Ante el juicio de la historia y de los ciudadanos, este acto de obstrucción, de miopía politica y de falta de humanidad, será recordado. La misericordia, la solidaridad y el bien común deben estar por encima de cualquier ideología o trámites burocráticos, y en este momento, algunos líderes costarricenses han demostrado que prefieren ser ciegos por cálculo politico a ver la oportunidad de ayudar y de trabajar juntos por el bienestar de su propio pueblo.

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