La llegada de Donald Trump al poder por segunda vez marca un parteaguas en las relaciones internacionales, especialmente entre Estados Unidos y México. Con un discurso que combina populismo, nacionalismo y una retórica agresiva hacia los migrantes y México, el mandatario estadounidense ha delineado una agenda que impactará directamente a su principal socio comercial.

Retórica y política migratoria: La amenaza de una frontera blindada
Desde su discurso inaugural, Trump ha dejado en claro que su administración priorizará la política migratoria. Medidas como declarar la frontera sur como una emergencia nacional, reinstaurar la política de “Quédate en México” y la suspensión del derecho a la ciudadanía por nacimiento buscan frenar la migración ilegal, pero también reflejan una política represiva que deshumaniza a los migrantes.

Recientemente, Trump ha comenzado a deportar indocumentados en aviones militares bajo estrictas condiciones de seguridad, con los migrantes encadenados durante el traslado.

Esta acción ha sido calificada como un acto de humillación y violación de los derechos humanos por parte de varios gobiernos latinoamericanos, generando protestas y comunicados oficiales de repudio. La imagen de migrantes siendo trasladados en estas condiciones ha recorrido el mundo, dejando en evidencia las profundas divisiones políticas y sociales que estas políticas generan.
Aranceles y Comercio: El golpe a las relaciones económicas
La intención de Trump de imponer un arancel del 25% a productos provenientes de México y Canadá podría tener consecuencias desastrosas. México depende de Estados Unidos para el 80% de sus exportaciones, y sectores clave como el automotriz, el textil y el agroindustrial sufrirían un impacto directo. Sin embargo, esta medida también perjudicaría a Estados Unidos, ya que muchas de sus cadenas de suministro están profundamente integradas con México.
El aumento de costos derivado de los aranceles impactaría no solo a las empresas, sino también a los consumidores estadounidenses, generando inflación y desacelerando el crecimiento económico. Además, las tensiones comerciales podrían desestabilizar el T-MEC, un acuerdo esencial para las tres economías de América del Norte.
La Dimensión política: nacionalismo y populismo
Trump se presenta como un «salvador nacional», atribuyendo su retorno al poder a un mandato divino. Este discurso busca movilizar a su base de votantes, pero también polariza aún más a la sociedad estadounidense y afecta la percepción internacional de su gobierno. Más debemos de tener presente que el actual gobierno mexicano es populista y demagogo, sin dejar de mencionar que para llegar al poder se dedicaron a la compra de votos y a torcerle el brazo a muchos líderes de la oposición, muchos de ellos con cuentas pendientes con la justicia, lo que les hizo más fácil la compra de voluntades en muchos casos premiándolos con puestos en embajadas y altos cargos dentro del actual gobierno.
La diferencia del populismo de Trump con el del gobierno de México, radica en que, en Estados Unidos, existe la división de poderes, cosa que en México; el actual gobierno destruyo sistemáticamente y se vive bajo una regresión democrática.
En el caso de México, las declaraciones de Trump sobre los migrantes y el designar a los cárteles de la droga como «organizaciones terroristas» plantean un desafío para la soberanía mexicana.
Nuevamente hay que señalar aquí, que esta designación se la gano el actual gobierno mexicano, ya que tanto el presente como el anterior gobierno de MORENA, han mantenido nexos con el narcotráfico y el crimen organizado, de lo cual hay sobrada y pública evidencia.

De igual manera hay que recordar que en el gobierno de AMLO, se inició una política denominada “abrazos y no balazos”, la cual más bien empodero a las bandas criminales y del narcotráfico, tanto así, que controlan casi el 40% del territorio mexicano y fue en el anterior gobierno que existió un reclamo del gobierno mexicano de aquel entonces encabezado por Andrés Manuel López Obrador, por la detención del Mayo Zambada.
Tan profundo fue su reclamo, que el embajador de USA en México en aquel entonces Ken Salazar mostró su sorpresa, ya que en sus propias palabras señaló, «qué el gobierno mexicano en lugar de alegrarse y celebrar la captura de un gran capo del narcotrafico mexicano, más bien reclama la captura del mismo, dejando sospechas y muchas dudas, tal conducta».
En todo caso, el actual gobierno no ha tenido intensiones de cambiar politicas de seguridad, como de igual manera no se deslinda de altos funcionarios de la 4T, sobre los cuales recaen fuertes sospechas de estar relacionados con el narcotráfico y el crimen organizado. Más con Trump en el gobierno norteamericano, la continuidad de tales politicas , ahora que fueron declaradas como organizaciones terroristas, esto está por verse.
Esta designación, aunque dirigida a justificar acciones más agresivas contra los grupos criminales, ha sido recibida con gran preocupación en América Latina. La medida podría abrir la puerta a intervenciones más directas por parte de Estados Unidos en territorio mexicano, aumentando el riesgo de militarización en la región. El despliegue de los Marines norteamericanos en la frontera norte de México también ha encendido las alarmas.
Esta decisión busca fortalecer el control migratorio y combatir el narcotráfico en la zona, según el discurso oficial. Sin embargo, ha sido percibida por muchos como una violación a la soberanía de México y un acto intimidatorio, incrementando las tensiones entre ambos países.
Implicaciones para México
La narrativa de Trump no solo afecta la relación bilateral, sino también la percepción internacional de México. La estigmatización de los migrantes como criminales y la propuesta de cambiar el nombre del Golfo de México a “Golfo de América” son acciones simbólicas que buscan reforzar un discurso de supremacía y subordinación.
Sin embargo, México tiene herramientas para contrarrestar estas acciones. La diversificación de mercados, el fortalecimiento del mercado interno y la colaboración con otros países de América Latina y Asia son opciones viables para reducir la dependencia económica de Estados Unidos.
El reto de la resiliencia
México enfrenta un reto significativo ante esta segunda administración de Trump, pero también una oportunidad para demostrar resiliencia. La capacidad de los mexicanos para contribuir al desarrollo tanto de su país como del vecino del norte es innegable, y la retórica de Trump no puede ocultar esta realidad. Como señaló la presidenta Sheinbaum, la economía de Estados Unidos depende en gran medida de los trabajadores mexicanos, y cualquier intento de ignorar esta dependencia solo exacerbará los problemas internos de Estados Unidos.
En conclusión se puede señalar que la segunda presidencia de Donald Trump plantea un escenario desafiante, pero también ofrece una oportunidad para que México fortalezca su posición en el escenario internacional. Frente a un discurso polarizante y políticas agresivas, la clave estará en la capacidad de México para resistir, adaptarse y buscar alternativas que reduzcan su dependencia económica y fortalezcan su soberanía. La diplomacia, la unidad nacional y la diversificación económica serán esenciales para enfrentar este nuevo capítulo en la relación bilateral.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuenta el gobierno de Claudia Sheinbaum la capacidad necesaria para enfrentar este reto?

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