*Un testimonio de lucha, autoconocimiento y vocación profunda en el corazón de Nicaragua. Una historia y un proceso de autoconocimiento

Redacción Actualidad Digital.Mx – Especial desde Matagalpa, Nicaragua

Mi nombre es Ginnette Marieta Gurdián Miranda, tengo 45 años y nací en Matagalpa, una ciudad en Nicaragua. Escribo este testimonio con la esperanza de ayudar a otros que puedan estar pasando por experiencias similares, ya que mi diagnóstico de autismo nivel 1 fue tardío, pero siempre oportuno.

A lo largo de mi vida he vivido en unos 15 hogares, entre familiares y amistades y asistido a 12 centros educativos, incluyendo tres universidades donde estudié.

Tal vez todo eso alimentó la ansiedad y el estrés que arrastré por años. Pero también me enseñó a adaptarme, a leer los rostros, a fortalecer habilidades sociales, a comprenderme.

Desde joven me consideraron una persona “rara”: por cómo vestía, cómo hablaba, cómo resolvía los problemas o me relacionaba emocionalmente.

Pero gracias a mi madre, descubrí el poder de los libros, y comprendí que, en la ficción, muchas veces, se esconde la verdad. He soñado con ser escritora, pero la vida, las exigencias laborales y sociales, me llevaron a dejarlo de lado.

Hoy entiendo que escribir también es mi forma de sanar. Y aunque me haya apartado de ese sueño, la Biblia, la Palabra de Dios y la fe me han sostenido y siguen dándome sentido. No creo en las casualidades. Creo en los propósitos divinos.

Hoy enseño en secundaria, en el Instituto Nacional Eliseo Picado, y convivo no solo con el autismo, sino también con la fibromialgia, una condición que me causa dolor crónico y fatiga, pero que he aprendido a manejar con paciencia, aceptación y mucha voluntad. Sé que el mundo no está hecho para personas como yo… y sin embargo, estoy aquí, enseñando, luchando y creyendo que cada estudiante merece una oportunidad para brillar.

Del testimonio al ejemplo

En un mundo donde muchas veces se mide el éxito por cifras, títulos o reconocimientos públicos, el verdadero impacto de una vida dedicada a la educación suele pasar en silencio. Ginnette no busca aplausos ni vitrinas. Ella enseña con el cuerpo cansado, con el alma firme, y con una fe que no pide pruebas porque ya las tiene en cada rostro joven que ve avanzar. Su historia no solo habla de superación, sino de resistencia con propósito, de pedagogía tejida con amor y paciencia, y de una profunda convicción: que cada estudiante merece ser visto, escuchado y acompañado.

Ginnette es el tipo de educadora que transforma sin gritar, que guía sin imponer, y que deja huella donde muchos ni siquiera miran. Una educadora que encarna valores en tiempos en que escasean, y que demuestra, día tras día, que la vocación auténtica no se dice: se vive.

A lo largo de mis años en la docencia he vivido enfermedades, pérdidas, frustraciones… pero también gratitud, milagros y sonrisas. No soy una maestra perfecta, pero soy una maestra real, comprometida y sobre todo, humana. Mientras Dios me dé fuerzas, seguiré enseñando, soñando y creyendo que vale la pena. – Guinette Marieta Gurdián Miranda

Veamos entonces qué nos sigue contando ella, en sus propias palabras…

Entrevista a una maestra que enseña desde el alma

INICIOS Y VOCACIÓN DOCENTE

¿Qué la inspiró a convertirse en educadora?
Mi inspiración vino de los libros y de mis docentes en Camagüey, Cuba. Me mostraron cómo un educador puede marcar vidas. Su pasión me sembró la mía.

¿Cómo fueron sus primeros años en la docencia?
Difíciles pero formativos. Enseñé en secundaria media en Cuba. Aprendí a conectar con distintos estilos de aprendizaje y a enfrentar mis propios desafíos sociales como persona con autismo.

¿Qué significa para usted ser maestra en Nicaragua?
Significa construir esperanza. Darles a los jóvenes las herramientas para crecer, soñar y avanzar. Significa ser guía en medio de muchas carencias.

EXPERIENCIA EN EL AULA

¿Podría compartirnos una anécdota que haya marcado su carrera?
Sí. Un alumno repetidor, a quien le decían “el abuelo del grado”, logró pasar gracias a las estrategias educativas aplicadas. Su rostro feliz, su autoestima renovada… eso me confirmó que vale la pena cada esfuerzo.

¿Cuál ha sido su mayor reto como educadora?
Combinar mi hipersensibilidad sensorial y la fibromialgia con el ritmo exigente del aula. Requiere planificación, pausas y autocompasión constante.

¿Qué es lo que más disfruta de su labor?
Ver cuando un alumno entiende, sonríe, se siente visto. Verlos avanzar. Conectar desde el corazón.

SISTEMA EDUCATIVO Y DESAFÍOS

¿Cuáles son los retos actuales de la educación en Nicaragua?
La integración de la tecnología, la formación docente pertinente, la inclusión real de estudiantes con necesidades especiales, y la desigualdad social que limita el acceso a la educación.

¿Qué se necesita para brindar enseñanza de calidad?
Más inversión, capacitaciones útiles, políticas inclusivas y trabajo coordinado entre docentes, familias y autoridades.

¿Cómo impacta la educación en el futuro del país?
Forma ciudadanos críticos, responsables, con valores. Aunque la juventud hoy enfrenta distracciones, una educación con sentido puede cambiarlo todo.

¿Qué mensaje da a quienes no priorizan la educación?
Que están renunciando al futuro. La educación transforma, construye, libera. Sin ella, no hay desarrollo ni justicia.

SU PAPEL COMO EJEMPLO Y GUÍA

¿Cómo motiva a sus estudiantes a seguir aprendiendo?
Creando un ambiente comprensivo, respetuoso. Enseñándoles a creer en ellos mismos. Mostrándoles que, con fe y voluntad, todo es posible.

¿Qué valores considera esenciales?
Empatía, perseverancia, respeto, fe. Especialmente en un contexto donde muchos valores básicos se están perdiendo.

¿Qué mensaje daría a los nuevos docentes?
Esto no es solo enseñar, es formar almas. Sean firmes pero sensibles. Usen la tecnología, sí, pero nunca pierdan el contacto humano.

¿Qué legado desea dejar?
Ser recordada como una maestra que creyó en sus estudiantes, que no se rindió pese al dolor, y que dejó huellas de amor y conocimiento en cada aula que pisó.

¿Qué representa el maestro en la sociedad?
Es un arquitecto silencioso del futuro. Es semilla y raíz. Tiene el poder de transformar no solo mentes, sino vidas enteras.

¿Cómo le gustaría ser recordada por sus estudiantes?
Como alguien que les enseñó a no rendirse. Como la maestra que les dijo: “Podés hacerlo”, cuando el mundo les decía que no. Que sepan que siempre creí en ellos.

Reflexión final: un llamado a despertar conciencia

Historias como la de Ginnette nos obligan a detenernos. A mirar de frente. A reconocer que hay quienes cargan el doble y avanzan igual, que hay mujeres que no solo cumplen su deber, sino que lo elevan a causa sagrada.

Mientras muchos se quejan con salud plena y comodidad asegurada, ella enseña con dolor físico, con cansancio acumulado, con desafíos neurológicos… y aun así, con una sonrisa firme y una fe viva.

No es solo una educadora admirable. Es una mujer ejemplar, una guía silenciosa que deja lecciones de vida más allá del aula. Si su historia no nos mueve… quizás seamos nosotros los que necesitamos volver a la escuela del alma.

Una publicación editorial de Actualidad Digital.Mx
Historias que merecen ser escuchadas. Voces que enseñan.
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