El domingo pasado, México no fue testigo de una elección: fue testigo de una farsa institucionalizada, de una puesta en escena ruin que ha terminado por asestar el golpe más certero a la ya agonizante división de poderes.

Bajo el disfraz de una elección “popular”, el gobierno de Morena ha conseguido lo que las dictaduras anhelan: un Poder Judicial domesticado, sumiso, obediente a los intereses de quien manda desde Palacio Nacional.

Pero eso no es todo. Porque la herida es aún más profunda.

EL CONGRESO: COMPRADO Y SOMETIDO

El primer acto de esta tragedia fue la conquista del Congreso.

No por votos libres y conscientes, sino por fraude y compra de voluntades.

Diputados de oposición – especialmente del PAN y de Movimiento Ciudadano – fueron comprados y premiados. Traicionaron a sus electores a cambio de prebendas, favores y posiciones. Los Yunes son el emblema más visible de esta vergüenza: una oposición vendida, complaciente, entregada.

Así, Morena aseguraba el control total del Legislativo: no por mayoría legítima, sino por corrupción y traición.

LA REFORMA JUDICIAL: VENGANZA, COMPRA Y SOMETIMIENTO

La reforma judicial no fue un acto de justicia, fue una venganza personal de Andrés Manuel López Obrador.

Frustrado porque el Poder Judicial había impedido sus reformas constitucionales durante su mandato, juró revancha. Y la consumó.

La reforma fue impuesta comprando a un ministro de la Suprema Corte, Alberto Pérez Dayán, quien, al negarse a votar contra el proyecto de reforma, allanó el camino para su aprobación.

Su traición no fue anónima ni discreta: fue pública, documentada, señalada incluso por sus propios compañeros de toga. El magistrado en retiro Pablo Vicente Monroy lo dijo sin ambages: “Te he calificado de traidor”.

Pérez Dayán incumplió su juramento de proteger la Constitución. Traicionó no solo a la ley, sino a la República misma.

“Cuando los políticos negocian la soberanía al precio de sus ambiciones, no gobiernan: traicionan. No representan: se venden. Y esa traición a la patria no lleva uniforme ni bandera, pero sí apellidos y cuentas que tarde o temprano les serán cobradas por la historia.”ActualidadDigitalMx

JUECES CONTRA JUECES: EL QUIEBRE TOTAL

La reforma no solo sumió a la Corte en la ignominia. Dividió y confrontó a los jueces federales, a la Suprema Corte y al Tribunal Electoral.

1.- El Tribunal Electoral (TEPJF), dominado por magistrados afines a Morena – Mónica Soto, Felipe Fuentes, Felipe de la Mata -, desobedeció fallos de jueces de amparo que intentaban frenar la reforma.

2.- El Consejo de la Judicatura Federal, también controlado, denunció penalmente a jueces independientes ante la Fiscalía General de la República.

3.- La presidenta de la Suprema Corte, Norma Piña, fue aislada y humillada públicamente por el Ejecutivo, ignorada en las ceremonias oficiales.

4.- La presidenta Claudia Sheinbaum celebró que “la elección de jueces y magistrados va sin barreras”.

La Corte, asediada, debilitada y traicionada desde dentro, ya no es contrapeso. Es un cadáver político. El magistrado Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena lo advirtió desde la propia Corte:

“Diversas autoridades han normalizado lo que debería ser impensable: el desacato selectivo de resoluciones judiciales, la invención de competencias inexistentes y la subordinación del derecho a consideraciones políticas.”

UNA ELECCIÓN JUDICIAL DESOLADORA

La farsa alcanzó su clímax en las urnas:

1.- Solo un 13% de participación ciudadana.

2.- 22.5% de votos anulados o inválidos, una cifra inédita.

3.- Un presidente de la Corte impuesto, Hugo Aguilar Ortiz, gracias a una estrategia de dispersión de votos, diseñado para garantizar que Morena controlara la elección.

Lo que se presentó como un avance democrático es, en realidad, una degradación sin precedentes del sistema judicial mexicano.

Hoy, las bases de la justicia están contaminadas por intereses políticos. Los magistrados serán elegidos por simpatías y no por méritos.

El derecho será rehén de los caprichos del poder.

EL FIN DE LA REPÚBLICA

Hoy, México amanece sin un Congreso independiente, sin una Corte digna y sin un sistema judicial que merezca tal nombre.

El equilibrio de poderes, esencia de toda democracia, ha sido destruido.

Morena presume su triunfo. Pero no hay gloria en la traición. No hay honor en la compra. No hay legitimidad en el fraude.

Lo que vimos fue el entierro de la República, y los sepultureros tienen nombre y rostro.

¿QUÉ NOS QUEDA?

Nos queda la memoria para no olvidar lo que se hizo en nombre de una falsa democracia y en su momento, cobrar esas facturas. En política, no hay factura que no se cobre ni deuda sin saldar.

Nos queda la palabra para denunciar, escribir, gritar si es necesario, que lo que vivimos fue una burla.

Nos queda la resistencia pacífica pero firme, la defensa de la libertad en las trincheras que aún no han sido tomadas.

Y nos queda la esperanza, que no se basa en ilusiones sino en la convicción de que los pueblos, aunque postrados, siempre encuentran el camino para levantarse.

Hoy más que nunca, México necesita memoria.

México necesita verdad.

México necesita coraje.

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