En medio de una región marcada por el endurecimiento de las políticas migratorias -especialmente tras el regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos -, Costa Rica ha tomado un paso en dirección contraria: el reconocimiento temporal de derechos a migrantes en situación de tránsito.

A través de la resolución D.JUR-022-07-2025, la Dirección General de Migración y Extranjería autorizó que las personas extranjeras que permanecen voluntariamente en el Centro de Atención Temporal para Migrantes (CATEM), en la zona sur del país, puedan permanecer legalmente, transitar libremente y ejercer actividades laborales remuneradas, ya sea por cuenta propia o bajo relación de dependencia.

El CATEM de la zona sur de Costa Rica, ha sido en los últimos años, punto clave del flujo migratorio continental, recibiendo diariamente a personas de diversas nacionalidades, muchas de ellas en tránsito hacia el norte. Ahora, con este permiso, se les abre la posibilidad de sostenerse con su propio trabajo durante su estadía en territorio costarricense.

Un paso firme en derechos humanos

La resolución representa una medida sin precedentes recientes en la región, al reconocer no solo la presencia legal de los migrantes, sino también su derecho a trabajar dignamente mientras se encuentran en Costa Rica. Con esto, el país se posiciona como referente en políticas migratorias con rostro humano, apostando por la inclusión temporal y el respeto a los derechos fundamentales de quienes, por diversas razones, se han visto forzados a dejar sus países de origen. El anuncio fue hecho por el viceministro de Gobernación y Policía, Omer Badilla, quien también ocupa el cargo de director general de Migración y Extranjería.

“Esta medida responde a una visión humanitaria e inteligente de la gestión migratoria. Permitir que estas personas trabajen legalmente es no solo un acto de justicia, sino una forma de orden y control responsable,” señaló Badilla.

El contraste con Trump: contención vs. integración

Mientras Estados Unidos ha endurecido sus políticas de deportación masiva, reactivando medidas como el Título 42, el MPP (Remain in Mexico) y las redadas exprés, miles de migrantes son devueltos o abandonados a su suerte en países de tránsito.

Costa Rica recuerda al continente que se puede gobernar con compasión, sin perder el control. La acción de Costa Rica marca un precedente en la región, apostando por un modelo que privilegia la humanidad sin renunciar al orden.

La administración Trump ha optado por reforzar el enfoque de “tolerancia cero”, criminalizando incluso a quienes buscan asilo. La consecuencia ha sido un efecto dominó en el corredor migratorio centroamericano, con miles de personas varadas en países que no estaban preparados para recibirlas.

En ese contexto, Costa Rica ha decidido asumir un rol diferente, que, sin dejar de lado la seguridad y la normativa nacional, busca ofrecer condiciones mínimas de dignidad a quienes huyen de la violencia, la pobreza o la persecución.


¿Qué implica la resolución?

1.- Permiso legal de permanencia en Costa Rica.

2.- Libre tránsito dentro del territorio nacional.

3.- Autorización para desarrollar actividades laborales, formales o informales.

4.- Aplicación inmediata a quienes se encuentren en el CATEM de la zona sur.

Esta medida permite también descomprimir tensiones en la zona fronteriza con Panamá, donde diariamente llegan migrantes de distintas nacionalidades: venezolanos, ecuatorianos, haitianos, nicaragüenses, entre otros.


Migrar “al revés”: historias de lucha y reinicio

La migración ya no es solo un flujo hacia el norte. Cada vez más personas están migrando hacia el sur o quedándose en los países de paso, en busca de estabilidad temporal.

En ese nuevo mapa humano, Costa Rica se convierte en una opción viable para quienes lo han perdido todo. Muchos de estos migrantes no tienen intención de regresar a sus países, ni posibilidad de continuar hacia Estados Unidos. Sus historias hablan de caminos rotos, pero también de valentía.

«Aquí en Costa Rica, al menos puedo trabajar y vivr en paz. No me siento perseguida ni amenazada, razón por la cual salí de mi país de origen hacia los Estados Unidos, más con la llegada de Trump, todo se volvío una pesadilla. No me importa trabajar en lo que sea en este país que me está dando una mano. Soy libre al fin” cuenta Gioconda, migrante venezolana, madre de dos hijas.

Migrantes en México: entre la espera, la informalidad y el abandono

México, aunque sostiene una narrativa de puertas abiertas y asilo humanitario, enfrenta una realidad migratoria marcada por contradicciones profundas.

A diferencia de Estados Unidos, su vecino del norte con políticas de deportación más agresivas, México mantiene una postura aparentemente más empática. Sin embargo, esa apertura no se traduce en protección real ni en oportunidades dignas para quienes cruzan su territorio en busca de una vida mejor.

La mayoría de los migrantes – provenientes de Centroamérica, el Caribe, Sudamérica e incluso África – transita por México sin acceso a permisos laborales formales. Las trabas burocráticas, la lentitud de los procesos y la falta de una política estructural de inclusión laboral los empujan directamente a la informalidad: trabajan en mercados, calles, obra o limpieza, sin garantías, sin salario justo, sin seguro social… y con la constante amenaza de explotación o violencia.

A eso se suma una sombra aún más densa: el crimen organizado. En muchas regiones del país, los migrantes se convierten en blanco fácil del narcotráfico, las redes de trata, los coyotes sin escrúpulos y hasta de algunas autoridades corruptas. Robos, secuestros, extorsiones y abusos son parte cotidiana del camino. Caminan con miedo, duermen con un ojo abierto y cargan con el peso de la incertidumbre sobre sus hombros.

Mientras tanto, Estados Unidos presiona a México – mediante acuerdos como el “Quédate en México” (MPP) o las cuotas diarias de deportaciones – para contener el flujo migratorio. México, entonces, no solo se convierte en país de tránsito, sino en un gran embudo de contención al servicio de la política exterior estadounidense. Y lo hace sin el presupuesto, la estructura ni el plan para garantizar condiciones humanas mínimas.

Los albergues están saturados. Las ciudades fronterizas desbordadas. La xenofobia comienza a crecer en zonas antes solidarias. Y la promesa de una nueva vida se vuelve, para muchos, una espera eterna en tierra de nadie.

En este contexto, cada permiso temporal, cada oportunidad legal de trabajar o desplazarse – como el caso reciente de los 25 migrantes en Costa Rica – se convierte en una excepción luminosa dentro de un sistema diseñado para resistirse al cambio.

Porque, en el fondo, el drama migrante no es solo un asunto de fronteras. Es un espejo incómodo de lo que somos como región.

Y, más aún, de lo que elegimos ser frente al dolor del otro.


Reflexión final

En tiempos donde la palabra “migrante” suele ir acompañada de estigmas, vallas y discursos de odio, Costa Rica recuerda al continente que se puede gobernar con compasión, sin perder el control. La acción de Costa Rica marca un precedente en la región, apostando por un modelo que privilegia la humanidad sin renunciar al orden.

La resolución D.JUR-022-07-2025 no resuelve la crisis migratoria, pero envía un mensaje poderoso: es posible actuar con dignidad, incluso en medio del caos.

Síguenos en redes sociales y en nuestra web para más análisis y cobertura a fondo:
http://www.actualidaddigital.mx | @ActualidadDigitalMx

Deja un comentario