La política costarricense vivió esta semana uno de sus episodios más tensos en lo que va del gobierno de Rodrigo Chaves. La renuncia del vicepresidente Stephan Brunner, acompañada por la salida de siete jerarcas más del Ejecutivo, reactivó un viejo fantasma en la Asamblea Legislativa: ¿renunciaría también el presidente para buscar una diputación en el próximo gobierno?
En el aire flotaba la sospecha. Y no era gratuita. En el 2026 se celebrarán elecciones nacionales. Costa Rica y la ley establece que, para aspirar a un curul en el Congreso, un jerarca debe renunciar al menos seis meses antes de los comicios. El ambiente político, la opinión pública y los medios ya especulaban: si Chaves renunciaba, ¿quién se beneficiaría… y quién se encargaría de cerrarle el paso?
El antecedente Brunner y la “jugada” que se preparaba
La Dirección de Servicios Técnicos de la Asamblea Legislativa – dominada por el Partido Liberación Nacional (PLN) – interpretó desde enero del presente año y por encargo del jefe de fracción verdiblanco, «que la renuncia del presidente debía votarse en el Plenario». Esa interpretación dejó secuelas.
En esta ocasión, según comentan en pasillos legislativos, había un plan similar para aplicarse si Chaves daba el paso. Más para sorpresa de propios y extraños, fue el hoy ex vice presidente Stephan Brunner, quien renunció en busca de una curul en el 2026.
A ese libreto se le atribuye también la participación de un asesor externo de nombre «Rubén». De él se dice que es como los ángeles o los santos: todo el mundo sabe que existe, pero nadie sabe dónde está… o, en este caso, quién es, en definitiva.

Se comenta quién podría ser, sobre todo por su cercanía con el presidente legislativo Rodrigo Arias, pero oficialmente, reina el silencio.
Rodrigo Arias: “La posición mía como presidente es que esta es una renuncia que se presenta en el término ‘conocer’, que es lo que establece el artículo 121, implica que se debe someter a votación favorable o desfavorablemente, esa es la interpretación que yo le daría a este tema”.
La intención, según los críticos, era sencilla: si Chaves renunciaba, el PLN y sus aliados usarían esa interpretación para bloquear su candidatura a diputado. De paso, lograrían que dejara la presidencia antes de tiempo. Una doble jugada.
Las dos versiones: Arias vs. el TSE… y el golpe de Cisneros
Rodrigo Arias, presidente del Congreso y adversario político de Chaves, sostuvo públicamente que la renuncia de un jerarca debe votarse en la Asamblea Legislativa. “Se tiene que votar y punto”, fue su línea.
Pero el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) piensa distinto. En la confirmación de la cancelación de credenciales de Brunner, el órgano electoral recordó que la renuncia es un acto unilateral que no requiere votación legislativa, sino solo ser conocida por el Plenario.
“No requiere ser votada por la Asamblea Legislativa, sino solo conocida, lo cual se satisface con incluir la renuncia en el orden del día del Plenario”, señala el TSE, citando sus resoluciones 2714-E-2007 y 3545-E5-2008.

En ese debate, la jefa de fracción oficialista, Pilar Cisneros, lanzó un señalamiento directo contra Arias. Le reclamó por qué, estando él en el Directorio Legislativo, no se opuso cuando renunció Laura Chinchilla como vicepresidenta y se usó la norma tradicional aplicada en los últimos 30 años. Recordó también que, en ese mismo período, se produjo la salida de Kevin Casas – entonces vicepresidente – de su hermano Oscar y Arias tampoco puso trabas.
“Es que ya sabemos por qué”, remató Cisneros. “Porque son de Liberación.”
El giro inesperado
La tensión se rompió en el momento más dramático: justo cuando los diputados votaban, llegó a sus escritorios una notificación oficial del TSE aclarando que es competencia exclusiva del Tribunal conocer las renuncias de jerarcas del Estado. La maniobra, tal y como estaba planteada, se derrumbó.
Aquí en este video, podemos ver al diputado oficialista Daniel Vargas Quirós durante su intervención legislativa; donde le señala a Rodrigo Arias, presidente de la Asamblea Legislativa, » que él estaría mal asesorado por un tal Rubén, que nadie sabe quién es, pero todo el pueblo costarricense supone su identidad completa.»
En conclusión
El episodio deja varias lecciones. Primero, que en política las trampas no siempre se concretan, pero siempre dejan huella. Segundo, que las interpretaciones jurídicas pueden convertirse en armas políticas. Y tercero, que, en Costa Rica, el árbitro electoral todavía puede alterar el guion, incluso en el último minuto.

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