Una mirada a la narrativa del poder y al despertar social en México

*En la historia política de las naciones hay patrones que se repiten con inquietante precisión. El poder construye relatos, fabrica símbolos, organiza devociones y levanta enemigos imaginarios para mantener alineadas las conciencias. Pero la historia también enseña esto: ninguna narrativa, por poderosa que sea, puede sostenerse eternamente cuando la realidad comienza a cobrar factura.

Hoy, México vive ese punto de quiebre.

La narrativa como instrumento de gobierno

Mucho se ha escrito sobre el papel de la narrativa en la construcción de realidades alternas. En política, una narrativa eficaz sirve para: simplificar un país complejo, crear un enemigo común, movilizar multitudes, justificar decisiones, ocultar fracasos, y otorgar sentido emocional a un liderazgo. A través de historias repetidas sistemáticamente, se establece un marco mental que define lo que es cierto y lo que no lo es. Esto no es nuevo: desde los dogmas religiosos medievales hasta la propaganda de los grandes totalitarismos del siglo XX, la narrativa ha sido un arma decisiva para conservar poder.

Pero toda narrativa necesita hechos que la sostengan: victorias, logros, crecimiento, resultados. De lo contrario, la “necia realidad”, como diría el viejo adagio, termina por imponerse.

Cuando los hechos desmienten al discurso

El discurso oficial – basado en la promesa de regeneración moral, justicia social y combate a la corrupción – ya no resiste el peso de los hechos.

El gobierno de la 4T construyó su identidad sobre un supuesto mandato moral: “regenerar la vida pública”, “erradicar la corrupción”, “hacer justicia social”. Sin embargo, el discurso oficial – basado en la promesa de regeneración moral, justicia social y combate a la corrupción – ya no resiste el peso de los hechos.

Los escándalos que involucran a figuras centrales del movimiento revelan un patrón que contradice frontalmente esa narrativa redentora. El poder puede administrar símbolos, pero no puede administrar la realidad cuando ésta golpea la puerta.

El caso Noroña: el ascenso desde la calle hacia la opulencia

Gerardo Fernández Noroña fue por años la figura más vehemente de la izquierda radical. Se proclamaba “hombre del pueblo”, austero, defensor de los marginados. Hoy, la historia es otra: Vive en una casa de millones. Posee autos de lujo. Exhibe privilegios que antes denunciaba.

El contraste es tan evidente que la pregunta se impone sola: ¿Cómo se explica que un hombre que vendía libros en la calley que rentaba un cuarto,viva ahora como parte de la élite política más acaudalada?

Aquí, la narrativa cae. La realidad exhibe una incongruencia que no puede maquillarse.

Adán Augusto: el “hermano” presidencial y el misterio de un patrimonio multiplicado

El caso de Adán Augusto López Hernández es aún más revelador. De notario modesto en Tabasco pasó, en pocos años, a hombre de propiedades, poder y lujos: Relojes de miles de dólares, ropa europea, propiedades rurales, miles de cabezas de ganado, vínculos señalados con “La Barredora”, organización criminal que operaba a plena luz en Tabasco durante su gobierno, mientras él declaraba que “no sabía nada”.

Ese “no sabía nada” caló profundamente en la opinión pública porque toca una fibra sensible: ¿Cómo puede un gobernador desconocer lo que ocurre frente a sus narices? Y peor: ¿cómo puede un aspirante presidencial presentarse como adalid anticorrupción con estas sombras detrás?

El caso del Almirante Ojeda: cuando el crimen toca la puerta de la Marina

La Secretaría de Marina fue vendida a la ciudadanía como el bastión de honor y disciplina. Pero la realidad demostró otra cosa: Sobrinos del almirante Rafael Ojeda vinculados al tráfico de huachicol marítimo. Operaciones ilícitas desde puertos estratégicos.Redes de complicidad que operaron durante años.

Esto resulta devastador porque el discurso oficial insistió una y otra vez en la “honestidad inquebrantable del gobierno”. Sin embargo, la sombra alcanzó incluso a las instituciones más respetadas del país.

Paralelos históricos: el ciclo inevitable del populismo

Lo que hoy ocurre en México no es una anomalía; es parte de un patrón histórico que se ha repetido en América Latina y el mundo:

1.- Perón y Cristina Kirchner en Argentina, el primero prometiendo redención social, pero creando redes clientelares inviables. Y la segundo creando una red de corrupción y acumulando riqueza mal habida, a tal extremo que las autoridades le encontraron casas cuyas habitaciones estaban llenas de maletas de dinero.

2.- Chávez y Maduro en Venezuela prometiendo igualdad, pero sumiendo al país en una élite enriquecida y un pueblo empobrecido.

3.- Ortega en Nicaragua proclamando revolución, pero imponiendo tiranía familiar.

4.- Fujimori en Perú prometiendo orden y anticorrupción mientras perpetraba redes de corrupción monumental.

El populismo siempre inicia con un relato mesiánico: “el pueblo contra los enemigos”, “la justicia contra los corruptos”, “la historia nos llama”. Pero termina siempre igual: la narrativa se rompe cuando la realidad se impone.

Las grietas sociales: violencia, miedo y un país que ya no se traga el cuento

El discurso oficial ya no tiene cómo esconder: el asesinato de alcaldes, el pago de piso, la extorsión, el control territorial del crimen organizado, la falta de medicamentos, la colusión de las autoridades con el narco, la corrupción visible, la incompetencia burocrática, la inseguridad generalizada. La narrativa podía funcionar mientras los problemas se percibían lejanos. Pero cuando la extorsión toca la tienda del barrio, cuando un alcalde es asesinado a plena luz, cuando un familiar no encuentra medicina… el relato se derrumba. El pueblo despierta cuando el dolor se vuelve propio.

La respuesta del régimen: músculo prestado y mitología oficial

Ante el deterioro del ánimo social: convocan al Zócalo, intentan “recuperar la plaza”, exageran cifras (“600 mil personas”), sobredimensionan el apoyo, apelan al líder que ya se había retirado, reeditan símbolos que funcionaron en 2018, intentan restaurar, por la fuerza de la propaganda, un entusiasmo que ya no existe.

Bien se dice ante esta realidad: “Cuando un movimiento necesita repetir tanto sus victorias, es porque ya teme sus derrotas.”

El desgaste electoral: lo que viene

Si la historia latinoamericana sirve de guía, México se acerca a un punto de inflexión: la pérdida del miedo, la saturación social, el deterioro económico, el hartazgo ante la violencia, la caída del relato heroico, la evidencia de enriquecimiento en las élites del poder.

Todo ello suele desembocar en un vuelco electoral.

Ya ocurrió hace escasos días en Honduras, donde un gobierno populista creyó que gobernaría eternamente y fue derrotado contundentemente. Guatemala, es otro ejemplo de cuando la ciudadanía, cansada, golpeó al sistema en las urnas. Y El Salvador, donde una élite tradicional fue barrida por el hartazgo social.

La frase popular no falla: “No hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo resista.”

No puedes engañar a un pueblo siempre

Cuando la narrativa deja de coincidir con la vida cotidiana de la gente, la narrativa muere. Y cuando el poder cree su propio cuento, el peligro es mayor. La 4T enfrenta un desgaste acelerado no por conspiraciones externas, sino por sus propias contradicciones internas.

El pueblo mexicano puede ser paciente, noble y profundamente leal. Pero cuando entiende que lo engañan…no perdona. Con solo ver su historia politica, esto se confirma.

La violencia, la inseguridad, la corrupción institucional, el nepotismo y el deterioro económico no son conceptos abstractos: se han vuelto experiencias cotidianas para millones de mexicanos. Cuando la narrativa promete esperanza, pero la realidad ofrece extorsión, miedo y carencias, las grietas comienzan a abrirse.

La 4T y la narrativa que ya no alcanza

Morena construyó una narrativa electoral sumamente eficaz: héroes y villanos, el “pueblo bueno” frente a las élites corruptas, la mexicanidad como bandera moral, el enemigo eterno: el “neoliberalismo”.

Esa narrativa les dio triunfos cuestionables en 2018 y 2024. Pero los hechos y las constantes denuncias de colución con el narcotráfico y el crimen organizado, los persiguen:

1.- No obtuvieron mayoría en el Congreso, sino a través de presiones, amenazas, carpetas de investigación, compra política y concesiones diplomáticas.

2.- El show del “acordeón” para nombrar ministros del pueblo exhibió la fragilidad institucional.

3.- El discurso guinda, sobre fondo blanco – cuasi religioso – funciona cada vez menos frente al hartazgo real.

4.- Muchas gobernadores estan señalados y se cuenta con suficientes evidencias, que lograron sus cargos con apoyo economico del narcotráfico y el crimen organizado.

Culpar al pasado ya no convence a nadie después de siete años en el poder. La narrativa oficial se desgasta porque no puede explicar la violencia brutal que vive el país.

La inseguridad como verdad que rompe cualquier relato

La muerte del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, la ejecución del líder de limoneros, los asesinatos diarios, las extorsiones que ahogan comercios, las carreteras tomadas por el crimen, el pago de piso convertido en impuesto informal.

Todo eso ha erosionado la credibilidad del gobierno. Ya no es una crisis lejana: entra en la intimidad de las familias, altera la vida diaria, cambia hábitos, provoca miedo. Un Estado que no puede garantizar seguridad pierde autoridad moral.

El despertar social: jóvenes, campesinos, sectores populares

Las marchas de noviembre, los bloqueos carreteros, las protestas en frontera y las movilizaciones campesinas revelan un punto central: La inconformidad ya no proviene solo de las clases medias o de la llamada “marea rosa”.

Ahora se suman: jóvenes, sectores populares, trabajadores, campesinos.

Ese mosaico social es imposible de descalificar con el viejo insulto de “neoliberales conservadores”. El intento de reducirlo a conspiración extranjera es una señal inequívoca de desconexión con la realidad.

La reacción del poder: ocupar el Zócalo para recuperar símbolos

Claudia Sheinbaum convoca al Zócalo. El mensaje no es solo conmemorativo: es un intento por recuperar el templo político, mostrar fuerza y enviar una señal interna de unidad en la Cuarta Transformación. Vallas retiradas, avenidas despejadas, transporte garantizado.

Todo preparado para una imagen: un Zócalo lleno no de adhesiones espontáneas, sino de una logística cuidadosamente armada para reconstruir la narrativa del control.

Pero lo que el discurso omite es lo esencial: el gobierno siente que la legitimidad simbólica se está desmoronando.

El regreso del caudillo

La reaparición pública del expresidente López Obrador, bajo el pretexto de presentar un libro, no es casual. Es un acto calculado para: reforzar la figura presidencial, mandar un mensaje interno de disciplina, y recordar que la narrativa original aún le pertenece. Esto, según ellos. Cuando un gobierno necesita al caudillo para sostener el ánimo social, es porque la estructura comienza a fisurarse.

¿Qué está pasando en la sociedad mexicana?

La respuesta es clara: La gente ya no cree en la narrativa. Cree en su experiencia diaria. Y esa experiencia es: miedo, falta de medicinas, corrupción abierta, nepotismo descarado, crisis del agua, falta de inversión, pobreza creciente, deterioro en servicios públicos.

Ya no es cuestión de ideologías: es cuestión de supervivencia.

Lecciones desde Centroamérica

México no es el único país donde el populismo creyó que podía gobernar eternamente. Los populistas en Honduras pensaron igual…y el pueblo los derrotó en las urnas con una contundencia que no dejó espacio para dudas. La historia en América Latina es clara: ningún proyecto que se desconecta del pueblo sobrevive al desgaste del tiempo. Ningún poder puede falsear indefinidamente la realidad.

Conclusión: la verdad inevitable

Puedes engañar a un pueblo por un tiempo. Puedes distraerlo, dividirlo, cansarlo, polarizarlo. Pero no puedes engañarlo siempre. Porque llega el momento en que la realidad golpea la puerta… y cuando eso sucede, ningún discurso – por sofisticado que sea – logra sostenerse.

México está entrando en ese momento decisivo.

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