*Hay campañas que se ganan con ideas. Y hay campañas que se intentan ganar sembrando miedo.

La recién finalizada elección presidencial en Costa Rica dejó una lección incómoda que merece ser escrita sin rodeos: cuando la oposición no tiene hechos, fabrica fantasmas. Y el fantasma favorito del Frente Amplio y del llamado CAC – una reencarnación del antiguo PAC – fue uno solo: la palabra dictadura.

Durante semanas, el mensaje fue repetido hasta el cansancio: si Laura Fernández ganaba, Costa Rica entraría en una dictadura. No como advertencia técnica. No como análisis jurídico. Sino como muletilla emocional, dirigida especialmente a jóvenes universitarios.

El miedo como estrategia política

La narrativa fue simple, casi infantil: Laura Fernández representaba la continuidad del gobierno de Rodrigo Chaves; Rodrigo Chaves había sido tildado de “dictador”; por lo tanto, votar por Fernández equivalía a votar por una dictadura.

El problema es que nada de eso resiste el menor análisis serio. Ni Laura Fernández ni Rodrigo Chaves pudieron ser acusados de corrupción. No hubo escándalos comprobados. No hubo investigaciones judiciales. No hubo enriquecimiento ilícito.

Y cuando no hay rabo que majar, se inventa el monstruo.

Así nació la narrativa del “narcoestado”, de la “complicidad con el narcotráfico”, de la “abolición de garantías”, de la “dictadura inminente”. Todo sin pruebas. Todo sin sustento. Todo a fuerza de repetir una mentira esperando que se vuelva verdad.

Lo que la oposición no le dijo al pueblo

Aquí está el corazón del engaño. La oposición nunca explicó a la ciudadanía – ni a los jóvenes – que la historia política costarricense desmiente por completo el discurso del miedo. No les dijeron, por conveniencia, que Costa Rica ha vivido continuidad política, reelecciones no consecutivas y sucesiones partidarias sin que jamás se haya instaurado una dictadura.

Recuento histórico de presidentes de Costa Rica que gobernaron más de una vez

1.- Ricardo Jiménez Oreamuno, con tres períodos presidenciales. El primero de 1910 a 1914. El segundo de 1924 a 1928 y el último de 1932 a 1936. Tres mandatos, con alternancia democrática y respeto institucional.

2.- José Figueres Ferrer, con dos períodos presidenciales. De 1948 a1949 (Junta Fundadora de la Segunda República) y luego de 1953 a 1958. Se abolió el ejército y entregó el poder democráticamente.

3.- Óscar Arias Sánchez, con dos períodos presidenciales. El primero de 1986–1990 y el segundo autorizado por fallo constitucional de 2006 a 2010. Sin dictadura. Sin ruptura democrática.

Continuidad partidaria sin colapso democrático

1.- Miguel Ángel Rodríguez Echeverría (1998–2002) le entrega el poder al doctor Abel Pacheco de la Espriella (2002–2006), ambos del Partido Unidad Social Cristiana.

2.- Óscar Arias Sánchez, (2006-2010) le entrega el poder a Laura Chinchilla Miranda, (2010 – 2014) ambos del Partido Liberación Nacional.

3.- Luis Guillermo Solís Rivera, – (8 de mayo de 2014 al 8 de mayo de 2018) – le entrega el poder a Carlos Alvarado Quesada, (2018-2022) ambos del Partido Acción Ciudadana.

En ninguno de los casos Costa Rica vivió dictadura alguna, mucho menos un colapso institucional. Contrario a ello, lo que se vio fue una democracia en funcionamiento.

La manipulación del vacío cultural

El Frente Amplio y el PAC conocen bien su terreno. Saben dónde sembrar. Su base histórica se ha concentrado en sectores universitarios, no por mérito intelectual, sino por control ideológico del discurso, militancia identitaria y una dirigencia que, en muchos casos, jamás ha trabajado fuera del Estado y ha vivido del presupuesto público durante décadas.

El cálculo fue frío: aprovechar que una parte de las nuevas generaciones no lee, no contrasta fuentes, no estudia historia política ni comprende el ordenamiento jurídico. Ahí se instala la política del miedo: una mentira repetida a quienes no fueron educados para cuestionarla.

Silencio selectivo e hipocresía ideológica

Los mismos sectores que gritaron “dictadura” en Costa Rica guardan silencio absoluto frente a dictaduras reales: Venezuela, Cuba y Nicaragua, que son sus referentes de sociedad. Y cuando líderes democráticos como María Corina Machado reciben reconocimiento internacional, como el Premio Nobel de la Paz, la descalifican como “guerrerista” o “pro-yankee”.

Eso no es defensa de la democracia. Es militancia ideológica.

La realidad que desmontó el relato

Mientras la oposición hablaba de “narcoestado”, Estados Unidos declaraba públicamente a Costa Rica como uno de sus aliados más sólidos en América Latina. Altos funcionarios estadounidenses visitaron el país y felicitaron, en conferencias públicas, al gobierno por su lucha contra el narcotráfico.

Ese dato nunca apareció en la narrativa opositora. Porque rompe el cuento. Porque destruye el miedo. Porque la narrativa se les acaba.

La escena que confirmó el daño

La noche electoral del domingo en la noche del pasado primero de febrero, dejó una imagen tan reveladora como preocupante. Grupos de jóvenes – principalmente universitarios, algunos incluso menores de edad – lloraban frente a las cámaras de televisión y subían videos a sus redes sociales, convencidos de que Costa Rica había “entrado en una dictadura”. Una joven llegó a afirmar que “el pueblo está de luto” y que quedaban “cuatro años de resistencia”.

Esa frase no fue una opinión política. Fue la prueba del daño real que provoca la política del miedo. Porque cuando ciertos sectores hablan de “el pueblo”, no hablan del país. Hablan de ellos mismos.

La advertencia final

Cuando los partidos ocultan la historia, cuando usan la ignorancia como herramienta, cuando acusan sin pruebas y callan frente a dictaduras reales, no están defendiendo la democracia. La están degradando.

Y Costa Rica, esta vez, decidió no dejarse engañar.

La imagen de jóvenes llorando por una dictadura inexistente no fue una anécdota menor. Fue la demostración de cómo la desinformación puede reemplazar la historia, anular el pensamiento crítico y convertir la ignorancia en consigna.

Y eso – más que cualquier resultado electoral – debería preocupar profundamente a Costa Rica.

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